Si me alegro, y mucho, de la muerte de un dictador sangriento, de un genocida sin escrupulos. Según el informe Rettig (1991), durante la dictadura se registraron 3.197 víctimas, de las que 1.192 son detenidos desaparecidos. Por desgracia, la felicidad no es completa, ya que al igual que otros asesinos, no rindió cuentas ante la justicia, como tantos otros, como Franco. Desde aqui deseamos que al menos en Chile, no se dejen arrebatar la Memoria, como hicieron en España con la de los vencidos. Recuperemosla, aún estamos a tiempo.
Para terminar, pienso que es de justicía dedicar esta necrología, no al dictador, sino a sus victimas, a sus muertos, sus familias, a los desaparecidos y desaparecidas, a los torturad@s. Ellos no han tenido la oportunidad de vivir hasta los 91. Esperamos que sea el último dictador que muere sin rendir cuentas ante el pueblo. Por la Memoria, la Verdad y la Justicia.



